Arder sin temer la luz del sol

CARLOS

Se sentía un pequeño feto flotando en el vientre materno cuyos límites eran las finas sábanas que los cubrían. Desnudos compartían el calor, el aire, el deseo.

No tenía intención de escindirse de su cuerpo, sin embargo, la mente le instigaba a entrar en el mundo misterioso del sueño, mientras su carne se resistía, tensa y expectante. El perfume de ella, su mirada penetrante a escasos centímetros, hasta el simple movimiento de su vientre contra sus dedos al respirar, le impelía mantenerse despierto y saborear cada segundo de esos dolorosos momentos de incertidumbre.

Alejaba de sí el fantasma del amanecer. No quería levantarse al alba pensando que su pasión y el amor habían huido debajo de la cama. Sus labios hinchados y cálidos, su lengua, vencieron todas las dudas.

GARA

Respiraba agitada el aire viciado de la estancia. Cómplices bajo las sábanas, despojados ya de toda inocencia, se dejaba llevar por la incipiente pasión que amenazaba con imbuirla.

Una parte de sí le decía que debía esperar, mas la otra, le gritaba que debía tomarlo sin demora: a su amigo, a su amante, a su víctima, a su verdugo, a todos a la vez, en ese mismo instante; traspasar su piel en cada contacto y capturar su ser entre las yemas de sus temblorosos dedos.

Deseaba quemarse entre su cuerpo como una mariposa en la hoguera de la lascivia, hasta pulverizarse los huesos y las alas, para resurgir entre las cenizas como el ave fénix.

Arder sin temer la luz del sol…

FUEGO

Bajo los poros, en sus labios, en cada uno de sus cabellos.

Atrapados en la espiral ascendente del libido, se anudaron el uno al otro, arrancando de sus bocas lamentos exhaustos. Prendiendo en cada acometida, buscando aquella parte del cuerpo que palpitaba furiosamente entre gemidos.

FRÍO

Perdidos en las sendas inescrutables de la psique, se separaron para descansar. Las gotas de sudor resbalaban por la piel que empezaba a enfriarse. Y sin mediar palabra se entregaron a Morfeo, albergando la esperanza de que al abrir los ojos, ese sueño, no se hubiese evaporado bajo los rayos del astro sol.

Por Arminda C. Ferrrera

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2 comentarios en “Arder sin temer la luz del sol

  1. Buenas,
    Jejeje, la primera vez que lo leí se me pusieron los pelos de punta, y esta vez no ha sido para menos. Falta pulirlo un pisco, pero está de vicio.
    Con respecto a eso de momento oscuro e inquietante.. gñ?

    Bueno, con todo, está bien tener momentos oscuros si dan alas para la escritura, aunque tengo que reconocer que prefiero más tu estilo propio en la novela independiente y en emhomn…

    Besos guapisima!

    P.D. Ya, ya aprendí a poner comentarios en el wordpress, menudo lío! Por cierto, me tienes que enseñar a como poner la imagen del principio y el menú, pq viendo lo mal q me va mi page toy pensando en mudarme temporalmente. Besos!

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