La mujer que subió a la montaña y bajó cansada

Whirling Dervish – Omar Faruk Tekbilek

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desierto, noche, montaña, sinai

Una joven guerrera se dirigió al desierto para tener una visión. Se dirigió a la Quinta montaña, morada de los dioses e invocó a su creador para que la iluminara. El firmamento recorrió el cielo durante tres noches sin hallar la ansiada inspiración divina, y desesperada clamó al cielo con una oración, alzando la voz en un grito para que llegaran las plegarias, que salían del fondo de su ánima, hasta el mismo cielo:

¡OH gran espíritu de la infinita conciencia!

Rodeada de tu voz se encuentra

Esta guerrera Eterna

Que ha escalado la montaña

De la sabiduría para encontrarte

Y no se encontró sino a si misma.

Pensamientos, mujer, reflexiónGrandes trabajos he hecho

Para retornar a tu gracia, mi señor.

Con la espada y el escudo

He sido tu acicate;

Abatiendo a los que te desafiaban

Y pronunciaban tu nombre en vano

En todo he estado dispuesta,

A ser instrumento tuyo en la tierra.

Quiero que me aceptes

Y volverme a sentir tu hija bien amada

Como la pródiga que soy

A tus dominios, mi señor.

Que debo hacer ¡OH mi gran espíritu!

Para que me acojas de nuevo entre los tuyos…

Tu voz resuena en mis oídos

A través de los oráculos

Que me bendijeron con la demencia,

Agrietando mi armadura de piedra,

Resquebrajado los cimientos

De la fría lógica retórica

A la que me aferraba.

Qué quieres de mí, mi señor,

Despojada de lo que soy,

De mi corazón y de mi mente, solo soy

Y eso te entrego.

Tan absorta en su declamación estaba que no se dio cuenta de que ya no estaba sola. Un hombre de rostro apacible estaba junto a ella. Su atuendo era las de un nómada. Mirando al cielo extrañado, como si su actitud fuera del todo incoherente, pues las respuestas no caerían desde las alturas. Cuando se percató de su presencia lo miró a los ojos, que brillaban a la luz de las estrellas.

nómada, pastor del desiertoBuscas en los lugares equivocados hermana.

Solo oigo de ti quejas y abatimiento.

Luchas contra ti misma ¿no lo entiendes?

La lucha no se dirime

Entre el polvo de la tierra

Que hay bajo los pies,

Son otras arenas y otros adversarios

Los que hay que abatir;

No con el acero ni con el fuego,

No con la fuerza de los músculos,

Sino con la llama que brilla,

Que no destruye sino quema

Y reduce a la misma esencia de las cosas.

Busca y encontrarás,

Si quieres ser aceptada de nuevo,

Acéptate a ti mismo primero;

Ámate y serás amada

Y sabed que eres mi hermana

Y que lavo tus pies con mis lágrimas.

El hombre se dio la vuelta al pronunciar esas palabras a modo de sentencia. Y desapareció tras las rocas. «Todo queda dicho» pensaría.

Abrió los ojos. Había sido un sueño. Se levantó del suelo y se sacudió la tierra de sus ropas. ¿Por qué los espíritus hablaban de forma tan metafórica?

Bajó la montaña apoyada en su cayado con más incertidumbres que certezas.