Sen ti non podo

Lela – Dulce Pontes & Carlos Núñez

Están a nubes chorando
Por un amor que morréu
Están as ruas molladas
De tanto como chovéu (bis)
Lela, Lela,
Leliña por quen eu morro
Quero mirarme
Nas meniñas dos teus ollos
Non me deixes
E ten compasión de min
Sen ti non podo
Sen ti non podo vivir
Dame alento da túas palabras
Dame celme do teu corazón
Dame lume das tuas miradas
Dame vida co teu dulce amor (bis)
Lela, Lela …
Sen ti non podo,
Sen ti non podo vivir.

Están las nubes llorando
por un amor que murió.
Están las calles mojadas
de tanto como llovió.

Lela, Lela,
Leliña por quien yo muero
quiero mirarme
en las niñas de tus ojos.

No me dejes
y ten compasión de mí.
Sin tí no puedo,
sin ti no puedo vivir.

Dame aliento con nuevas palabras,
dame calma de tu corazón
dame luz con aquellas miradas
dame vida con tu dulce amor.


A los que Aman

«Dicen que a través de las palabras, el dolor se hace más tangible. Que podemos mirarlo como a una criatura oscura. Tanto más ajena a nosotros cuanto más cerca la sentimos. Si uno de estos pequeños granitos enferma, el resto del organismo enferma también. Pero yo siempre he creído que el dolor que no encuentra palabras para ser expresado es el más cruel, más hondo… el más injusto. Pasé mi vida amando a una mujer que amaba a otro que no la amaba sino que amaba a otra de la que nunca supo si la correspondía. Era un tiempo en el que miraba al futuro con más esperanza que miedo»

A los que Aman por Isabel Coixet

Muy humana, demasiado

A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus préñeles; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.
Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz d e tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.
Génesis 3.16 -3.19

Hoy se sentía realmente humana. Desde que abandonaran el paraíso en busca de respuestas. Hoy la maldición de Eholim le pesaba. Su cuerpo perfecto se le antojó burdo y torpe. ¿Por qué demonios había comido de la fruta prohibida? ¿Quién quería ahora sabiduría cuando se retorcía de dolor? Sí, a ese demonio le ajustaría las cuentas por no haberle advertido de las contraindicaciones de su ingesta indigesta.

Por Arminda C. Ferrera