El viaje más largo

THESE BOOTS ARE MADE FOR WALKING – NANCY SINATRA

Observó los zapatos viejos con una sonrisa, con sus suelas gastadas y la piel llena de rozaduras, de andar mucho, de andar mal, de andar a trancas y barrancas, de andar en las nubes y de arrastrar los pies por el fango por un agotamiento crónico (no siempre físico)
Ásperos al tacto, de deambular en solitario. Llenos de polvo por ir por caminos llenos de piedras y tierra.

Aquellos zapatos eran un mapa de los sitios en los que había detenido sus cansinos pasos, un registro inconfundible de las experiencias que ya habían quedado atrás. Por suerte.

Eran su par preferido, y no porque tuviera pocos, que era el caso; los llevaba a todas partes aunque a veces no fueran adecuados para la situación. Primaba más la comodidad que cualquier otra consideración, muchas veces resultado del hastío; pues analizando los demás pares que poseía, cada uno  de ellos había sido elegido con sumo cuidado.

Le iban perfectos cuando los compró, pero de un tiempo a esa parte al calzarse en ellos pensaba: muy estrechos, muy poco flexibles, ummm no sé, no me convence… todo eran pegas. Así que se enfundaba en los habituales para no perder costumbre, deformados por el uso, adaptados a sus andares bamboleantes.

Ahora, sentada en la cama, calzada y lista para echarse andar, acarició los cordones ajados que los sujetaban al pie. Muy lentamente cogió uno de sus extremos y tiró de él. Inmediatamente el lazo se deshizo, aflojó los cordeles y se los quitó.

– Me han servido bien todo este tiempo – dijo con ceremonia – ya es hora de renovar vestuario, probar unos nuevos que me lleven a otros sitios desconocidos… Lo siento. Ya no son los mismos que fueron.

Hasta ese momento no cayó en  la cuenta de que no era de los zapatos de los que se había despedido.

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6 comentarios en “El viaje más largo

  1. Cambiar de zapatos es uno de los retos más interesantes que puede plantearse el ser humano… Tanto si estrenas un nuevo par, como si te calzas los de otra persona (durante un rato), la experiencia demuestra que siempre merece el esfuerzo 😉

  2. Los viejos y usados zapatos llegan a ser verdaderas caricias para el pie, proporcionando esa tibieza y ese descanso tan necesario para caminar por la vida. Y si el viaje tiene el fondo de la canción de Nancy Sinatra, se convierte en toda una delicia. (Cómo tu entrada).

    Beso.

  3. Cuando una se acostumbra al mismo par de zapatos, el resto siempre molestan. Es un cambio significativo cuando te das cuenta y decides dejarlos a un lado y probar con otros, aunque al principio te puedan molestar o hacer llaga. Luego, merece la pena 🙂

    Genial entrada!

  4. Dicen que el hábito no hace al monje, pero, creo que el hábito, en este caso los zapatos, condicionan los caminos en lo que transitar.
    La comodidad que supone lo conocido, nos evita afrontar conflictos o situaciones nuevas. Y como dice la frase: que lo único que no cambia es el cambio, es lo que más solemos temer.
    Yo tambien tengo esos zapatos que siempre llevaría puestos, pero, doy oportunidad a otros zapatos diferentes.

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