Fuego dentro del agua…

Y lejos de degradarse con el tiempo, como las letras escritas en un papel, cada día, cada noche, cada instante, en cada aliento, se hacía más fuerte y  más insondable, tanto que no hallaba principio ni final en esa inmensidad;  en ese silencio calmo henchido  de aquello que no se podía explicar con palabras.  De todo aquello que provocaba la risa y el llanto más sinceros, la cálida euforia desbordante y la respetuosa quietud,  al mismo tiempo.

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Sobre la Ley del karma

– Todo lo que hagas se te devolverá por triplicado -dijo de forma lapidaria, contundente, con un deje de amenaza en la voz que prefirió pasar por alto-.

– Jodida burocracia… Y si hago una copia ¿me vendrá por triplicado? Es que tengo un papeleo que…

– ¡Serás animalito de dios! ¿No te suena el tres veces tres?

– Sí… a nueve.

Sobre lo divino y lo mundano

¿Cuando comenzó, tuvo alguna vez algún principio o siempre fue eterno? Los mortales tenemos dificultades al racionalizar la eternidad, la entendemos “hacia delante” pero nos cuesta comprender que algo o alguien no haya tenido nunca un inicio, sino que siempre es, fue y será. Si Ello en algún momento de su existencia, no fue consciente de sí mismo, no lo recordaba. Era irrelevante.
En el todo, pues estando Ello nunca pudo existir el vacío, el pensamiento era potencia y acción.
¿Qué pensaba Ello en su inmensidad? Dentro de sí creaba formas y conceptos, algunos eran de evolución pausada y otros eran mutables y dinámicos. Una de las veces, ideó un lugar donde la energía estuviera concentrada en infinitud de puntos en el espacio, porque ya había experimentado la continuidad en todas sus acepciones; al hacerlo se formó la luz y la oscuridad a su alrededor. Se complació del resultado, pues el contrate era hermoso. De esa forma se crearon las estrellas.
Disfrutaba con la mera contemplación, ideando variables aleatorias que modifican la esencia misma del pensamiento, dándole aspectos dispares.
¿Cuánto tiempo pasó? Una eternidad.

Con su voluntad las puso en movimiento y observo extasiado el espectáculo. Por primera vez, percibió los sonidos que creaban sus estelas, el crepitar de las luminarias, el zumbido de la atracción entre los cuerpos celestes: su música le conmovió; era constante, tranquilo, exacto.

Lo que le incentivó no fue la insatisfacción sino la curiosidad, y el deseo de seguir aumentando la belleza de lo que había imaginado. Integró nuevos intervalos y acordes. Enfrió estrellas pues emitían de esa forma notas más profundas.

Acostumbrado a pensar en infinitos niveles de pensamiento ideó, en un golpe de creatividad, un plan. Su obra maestra. Sistemas al principio sencillos que se irían haciendo más complejos a medida para terminar en un gran crescendo. ¿Para qué ponerlo en práctica a la vez? Como en un concierto fue integrando los distintos instrumentos poco a poco para ir disfrutando de cada una de sus partes. Y todas eran importantes, pues cada una cumplía su finalidad. Pero su relevancia no tenía nada que ver con el tamaño, la duración u otra dimensión cuantitativa: algunas de ellas persistían en el entramado de su composición y otras eran matices fugaces, efímeros, brutales, delicados, únicos, hermosos… así surgieron los mortales

Por Vayn Dreth Patriarca de Anaxull

Historias de Nohm

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