Sobre los Cuatro Jinetes del Apocalipsis

Los Cuatro Jinetes cuya Cabalgada presagia el fin del mundo son conocidos como: Muerte, Guerra, Hambre y Peste. Pero hasta los acontecimientos menos importantes tienen sus propios jinetes. Por ejemplo, los Cuatro Jinetes del Resfriado Común son Moquera, Congestión De Pecho, Napia y Falta de Pañuelos. Los Cuatro Jinetes cuya aparición anuncia cualquier fiesta del calendario son Tormenta, Ventolera, Aguanieve y Carril Habilitado En Sentido Contrario. 

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De lo que le dijo un Señor de renombre a un cretino (II) (Diálogos Cruzados)

–         Es usted tan, tan… horrendo

–         Ajá! cierto

–         Lo que yo decía… horripilante

–         ¿Y nada más que añadir a mi triste figura?

Poca imaginación le brindaron las musas. Decir que soy horripilante es como decir que usted es de inteligencia retraída; algo evidente.

Si en su ánimo quería idear un desaire hay un amplio muestrario aquí delante.  Empezando por la cara: ¿Ya estamos en el día de difuntos? ¿De qué muerto es la máscara? Las orejas: Nunca ha de pasar calor ya que puede pasar el día abanicándose; La nariz: un descomunal trampolín para los mocos; La espalda: Está siempre preparado por que el atillo a cuestas lleva incorporado; los pies: Andando llega quince minutos antes; La talla: ¡Increíble, este gnomo de jardín habla! Parturiento: No te alumbraron, te apagaron. Descriptivo: contrahecho, deforme… un aborto; Expositivo: es un claro ejemplo de cruce entre chimpancé y cerdo, chimpancerdo. Escatológico: No naciste, te cagaron al momento. Práctico: Un reposapiés perfecto. Sorpresivo: ¡ay qué mono! cobra nuevo sentido; Gracioso: Nunca pedirá al barbero que le recorte las patillas; Curioso: ¿Y no os duele estar de esa guisa? Pedante: ¿no os cansáis de mirar siempre al suelo y que las damas rocen vuestra chepa para así tener suerte? Planetario: hacia usted todos los insultos convergen por fuerza de gravedad. Y así en adelante, podría usted encadenar agravios, si los dioses le hubieran dado más ingenio y menos petulancia.

Por Thallayn Luorell

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Réplica a este texto:  Sobre los señores feos de vacíos tinteros Por Kiram

Contra replica: Sobre bardos, bufones y damas airadas (Diálogos cruzados)

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Recuerdos (Un Día Cualquiera)

Making of Cyborg (Ghost in the Shell OST) – kenji kawai

Ella reía. Caminaban por el parque cogidos de la mano hasta la puerta de su casa y, casi sin darse cuenta, hacían el amor en su dormitorio.
Sus labios se entrecruzaban, su piel se fundía y no sabía muy bien dónde empezaba él y terminaba ella. Cerrados los ojos sus sentidos se hacían aún más agudos, notando las gotas de sudor corriendo por su torso, y la lengua de Yoichi recorriendo su vientre, la primera exploradora en un territorio virgen. Los susurros precedieron a los suaves gemidos, los dedos se clavaron en los tatuajes y las piernas de Hanako hicieron presa en las caderas.

Durmieron abrazados, y el tiempo no existía para ellos.
Abrieron los ojos casi a la vez, y se sonrieron. Por primera vez vieron sus cuerpos desnudos sin el ardor del deseo, ella estaba avergonzada, él seguro de que había encontrado a la mujer perfecta. Pero a la hora de vestirse pasó algo, un enorme error que cambiaría su vida: Él, su joven y apuesto Romeo, le vio el tatuaje, y supo quien era ella. Pero no le importó, “todos somos iguales”, le dijo, “tú sólo eres la mano que ejecuta las órdenes de la cabeza”. Ella se sonrojó, sabía que aquello había terminado, por primera vez sintió vergüenza de lo que hacía. Él le acarició la cara y la besó.

Se despertó extrañada, hacía mucho tiempo que no soñaba con Yoichi. Desde la noche en la casa de los Takanawa. Lo echaba tanto de menos…
Él le había enseñado la belleza que escondía el mundo, le había descubierto el placer que se sentía al estar con la persona amada, le había descubierto la poesía. Creyó notar sus manos acariciando su pelo, se giró dispuesta, pero era solo “whisper” buscando un sitio para dormir en la almohada.
Lloró, lloró porque estar en Nueva York no tenía sentido sin él; porque una casa llena de gatos era un sinsentido y, sin embargo, ya no le importaba. Lloró y lloró, y de nuevo cayó en la inconsciencia.
Ahora soñaba con aquellos momentos de nerviosismo e ilusión. Cuando empezaron a imaginar una vida nueva, cuando le enseñó que el mundo era mucho más; que él, pese a haber matado, había tenido muchas más experiencias. Le mostró que tenía el mundo en sus manos.
Comunicó a su padre que lo dejaba, que se iba con Yoichi a Estados Unidos y que nunca volvería a matar a nadie. Había sido valiente, y ahora lo esperaba inquieta. Tenía las maletas hechas, preparada para empezar de nuevo junto a él, incluso podía estudiar… Pero él se retrasaba ya una hora. Se quedó dormida esperando hasta que el timbre de la puerta la hizo despertar. Saltó ilusionada a recibirle, esperando un beso y una disculpa por su tardanza… sonriendo abrió la puerta que daba al pasillo.
No había nadie, sólo una caja de madera. Una caja de madera.
Sabía lo que eso significaba.
Abrió la tapa con las manos temblorosas y allí vio el dedo de Yoichi, con un paño goteante de sangre, y con la caligrafía de su padre una nota: Ya no tienes a nadie con quien escapar. Eres mi hija. Cumple con tu obligación o quítate la vida, porque no pienso sufrir la deshonra de ser yo quien recoja una caja con tu dedo”.

Escrita por Almudena L. Bruñas

Extracto del Séptimo capítulo de “Un Día Cualquiera”. Para leer el relato desde el principio hacer un click AQUí, o si quieren leer solamente el capítulo dirigios al enlace que está a continuación.

Un Día Cualquiera (7)

Los Cuatro del Apocalipto

MUERTE jugueteaba con su bebida exótica servida en un coco y con una sombrillita de papel de color escandaloso; Sorbía tímidamente por la cañita el líquido dulzón con un ligero regusto a alcohol, mientras escuchaba a sus colegas parlotear animadamente y miraba de reojo los naipes que tenía en la mano.

–  ¡Jaque mate! – gritó eufórico NIKI (de porte regio, figura imponente… un ario, casi albino, de pies a cabeza y un chulo de proporciones bíblicas) a la vez que lanzaba sus cartas al centro de la mesa con ímpetu. Vestido como un turista no era tan impresionante, ya que su rostro, a modo de mascarilla facial, estaba embadurnado de crema protectora, tenía un gorro tipo pescador, camiseta de Tommy Hilfiger, calcetines a media pantorrilla y sandalias a juego con el bañador; nada que ver con su atuendo habitual. Había que decir que la protección no le servía de mucho pues su piel presentaba un preocupante tono bermellón -.

–  ¡Estamos jugando al póquer, joder! ¿Cuántas veces hay que explicártelo? ¡Cabeza de puerco tísico! – espetó GUERRA colérico (un moreno de rasgos angulosos, de complexión hercúlea, que pareciera alérgico a la vida de todos los bultos que sobresalían de su cuerpo. Por si fuera poco, la piel aceitada y el pareo con motivos tropicales hacía que resaltara más sus atributos) – ¡Te las voy a meter por el culo… a lo mejor así lo entiendes!

– Hayaaa paaaz – medió con suavidad HAMBRUNA, negro como la noche e inmenso como un buda sonriente, que mostraba sus curvas generosas con descaro bajo una camiseta de algodón de tiros blanco, enseñando su provocador ombligo sobre un bañador con motivos vegetales, unas playeras (zapatillas deportivas) y una cadena con crucifijo de oro de media pulgada – ¿Creeees que habránnn olvidaaadooo nuestraa comaaandaaa? – preguntó al aire. Hizo señas a los empleados de “Apocalipto”, el chiringuito de la playa donde habían decidido pasar la tarde estival.

De vez en cuando se reunían para recordar viejos tiempos, comentar anécdotas, jugar un poco y prometerse que un día de esos tenían que irse de farra como antaño, por todo lo alto. Últimamente no tenían mucho tiempo libre: que si propiciar una guerra por aquí para aplastar a alguna nación, grupo o etnia; que si una crisis alimenticia por allá, una “pandemia” con la que sembrar la paranoia y la desconfianza (MUERTE tenía mucho sentido del humor) o estimular la xenofobia, el racismo… la supremacía racial. En fin, un trabajo agotador aunque alguien debía hacerlo.

La camarera se acercó con andares sugerentes y su minúsculo bikini a la mesa y sirvió la comida. Con lo que había pedido HAMBRUNA se podía alimentar a diez personas lo menos. Se relamió de gusto observando ese derroche absurdo.

– Dos Hot dog, cinco hamburguesas, tres bocadillos de pollo empanado especial, dos raciones de papas (patatas) con tres salsas, uno de aritos de cebolla y una de nachos con queso, ¿está todo?

– Exceleeenteee, tengooo un hambreee de cabaaallooo – contestó medio riendo con su broma particular. La miró de arriba abajo recreándose en sus curvas exuberantes, pero ella solo tenía ojos para sus dos compadres, más acordes con el canon de belleza establecido en este siglo. Pues MUERTE con su bronceado hepático, su sombrero de paja y la camisa hawaiana que le bailaba encima del cuerpo, parecía más un guiñapo que una persona.

NIKI mostró su dentadura inmaculada emulando un gesto de alegría típico de los mortales y GUERRA pícaro le guiñó un ojo, provocando el sonrojo de la muchacha. Turbada huyó hacia la barra.

Solos nuevamente pudieron manifestar su alivio al conseguir pasar desapercibidos, no tenían el ánimo para histerias colectivas.

– ¡Oye tú, seboso gordo cabrón ocupas toda la mesa! ¿Cómo carajo crees que vamos a jugar?

– Gueeerr… fluuuyee en armoníiiaaa con la energíiiaaa cóoosmicaaa del universoo – le susurro con un toque de soul -.

– Lo que va a fluir son tus tripas – gruñó

MUERTE barajó de nuevo el mazo de naipes, con sus dedos largos y huesudos con maestría. Al ver las expresiones de sorpresa de los demás aclaró que se aburría mucho en las salas de espera. Repartió la mano con igual soltura mientras sorbía un poco más de su exótica bebida.

A medida que la partida transcurría NIKI y GUERRA, que eran muy competitivos, se miraban cada vez más con sospecha, pues cualquier gesto podía ser una señal que les diera la victoria. HAMBRUNA dejaba a un lado sus cartas pegajosas por la grasa y se limpiaba las manchas de salsa que habían dejado su impronta en la blanca camiseta.

MUERTE se concentraba en permanecer relajado, natural, despreocupado: dobles parejas era una porquería, pero iba de farol. Más le valía no ser el perdedor de la tarde, pues lo que se jugaba era su dignidad:

Hacía diez años, NIKI el vencedor de la última timba (como no) obligó a GUERRA a llevar una tanga de leopardo con tirantes rojos, subido en unos zapatos de tacón de vértigo de color rubí, mientras cantaba a voz en cuello “soy la reina de los mares”, durante una convención mundial de Skin head nazis. Bajo juramento expreso que no utilizaría sus habilidades en ningún momento porque si no, no tenía gracia. Por supuesto NIKI, (o Víctor en ese momento) estuvo allí para animar a sus chicos.

– ¡ENVIDO! – gritó victorioso el chulo de proporciones bíblicas -.

– ¡Me cago en tu puta alma! – chilló el alérgico a la vida mientras se lanzaba sobre él para cumplir su amenaza -.

MUERTE cogió su leche de coco y bebió lentamente, a la espera que terminaran de dirimir sus diferencias. Centró su atención en otras cosas, por ejemplo, que la mayonesa que servía Apocalipto tenía salmonelosis, en los jóvenes borrachos que corrían a bañarse en el mar mientras ondeaba la bandera roja, en el niño que se estaba atragantando con un caramelo, en los poli toxicómanos esqueléticos que felices iban a consumir su última dosis…

-No, no, no… estoy de vacaciones.

Por Arminda C. Ferrera


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