En el camino

The Chamber of Secrets (Harry Potter and The Chamber of Secrets OST) – John Williams

irada en el suelo respiraba con dificultad a causa del esfuerzo que había realizado. Poco a poco el hechizo en el que estuvo sumida en el Estanque de las Hadas se fue desvaneciendo. Había sido como un sueño raro en el que no era consciente del todo de lo que ocurría.

NUNCA el cuervo se posó delante de ella. Podría decirse que su actitud era ufana. Ahora se acordaba de él, era su guía, el que la llevaría a casa, seguro.

Menudo susto me diste allá atrás, pájaro malo, malo! – le reprendió con el dedo en ristre y amenazante – ¿No era más fácil que me dijeras que me marchara? Claro que tú prefieres no hablar… ¿por qué Nunca, por qué no hablas? Será porque no tienes nada que decir o porque tienes muchas cosas que callar, ¿eh?

La única respuesta, como siempre había sido desde que se perdió en esta tierra extraña, un gesto indiferente con su cabecita ladeada y sus ojos ambarinos fijos en ella.

Había encontrado, en su loca carrera por casualidad, un camino que atravesaba la foresta y la conducía hacia las montañas. Así sería más sencillo y de esa forma evitaría a las hadas odiosas que querían ahogarla, o hacerle daño.

Siempre pensé que las hadas eran seres bondadosos… ¡qué desilusión! – le dijo a su acompañante mientras caminaba; Nunca volaba de rama en rama. Esta vez no se separaba mucho de Blanca, quizás por miedo a que se perdiera o porque quería vigilarla de cerca – ellas tampoco son de tu agrado por lo que veo, pues saliste huyendo como un cobardica al oírlas, dejándome con esas chifladas… ¿Qué clase de compañero eres que me abandonas a la primera de cambio?

Seguía al pájaro cómodamente, se había acabado correr en pos de él, ahora se habían vuelto las tornas. Sonreía triunfante porque por una vez sentía que era la que mandaba en ese inusual dueto. Y no iba a perder la oportunidad de divertirse un poco a su costa.

–  Creo que voy a descansar un ratito ¿Te parece bien? ¡Uy! Se me olvidaba que te comió la lengua el gato… ¿o el hada…? – sonrió maliciosamente – Bueno, no creo que tengas mucha prisa ¿verdad?

Cogió unas bayas de un arbusto que no estaban muy lejos del camino y se sentó a la sombra de un árbol, rodeado de helechos.

– ¡Sabes, Nunca! Me encanta tener estas conversaciones contigo – el cuervo emitió un graznido agudo y batió las alas – Tienes toda la razón, nunca lo hubiera expresado mejor, Nunca… – levantó el vuelo. Parecía no aceptar las bromas.

Lejos de asustarse, Blanca siguió comiendo tranquilamente, esperando a que regresara. Tenía la intuición de que Nunca Más volvería, pues algo le decía que tenía mucho interés en llevarla a su casa, si no, ¿por qué había ido a rescatarla de las hadas malignas arriesgándose a ser devorado por una de ellas? Lo que se le escapaba era el motivo, pues dudaba que el antipático pajarito lo hiciera por tener un corazón de oro.

Comienzo: El Círculo Inconcluso

Continuación: La niña, el cuervo y la bruja

Por Arminda C. Ferrera

Adios al bosque

Professor Umbridge (Harry Potter And The Order Of The Phoenix OST) – John Williams

e despertó y la luz dorada del sol del amanecer se abría paso entre el follaje, acariciándole el rostro suavemente como la cálida mano de una persona querida que intentaba despertarla. Sonrió. Pero al abrir los ojos cayó en la cuenta de donde se encontraba. Las enredaderas habían reptado por su cuerpo, el musgo se había acomodado entre su pelo y sus diminutas flores comenzaban a abrirse para saludar el día. El olor a sabia y humedad penetró sus fosas nasales al inspirar fuertemente como si llevara mucho tiempo durmiendo y el cuerpo al iniciar la actividad necesitara un aporte mayor de oxígeno. Y a pesar de que el bosque a la luz del amanecer era hermoso estaba melancólica. Aunque no recordaba porqué. Se estiró y las plantas se retiraron lentamente. Una luz tintineante se interpuso en su campo de visión. Agudizó la vista para ver de qué se trataba.

–                  ¡Un hada! – y como si el hada le contestara se oyó el timbre de miles de campanillas diminutas. Parecía que quería que la siguiera – Claro, ¿A dónde me llevas?Oh sí, tengo mucha hambre; también, tengo la garganta seca

Siguió su estela hasta la orilla del lago y bebió de sus aguas doradas y transparentes, mientras el hada, posada sobre un nenúfar, esperaba. Un cosquilleo le recorrió el cuerpo. No pudo aguantar las ganas de reír.

No sé por qué me río… – se limpió la boca con el torso de la mano.

Y en verdad, la nostalgia se iba alejando a cada sorbo que daba a esa agua tan fresquita.

El hada tintineó de nuevo mientras abandonaba su cómodo asiento.

Y al cabo de pocos segundos estaba rodeada de pequeñas luces. Dibujaban en el aire bonitas filigranas efímeras en distintos colores. La guiaron hasta un arbusto lleno de frutos pequeños pero muy dulces. Comió hasta saciarse y la sensación de tristeza desapareció. Y todo a su alrededor era alegría y algazara.  Los faeris correteaban por encima del agua del lago y hacían piruetas imposibles para entretenerla.

Ven Blanca al aguaal agua Blanca ven

, me apetece bañarme.  ¿Creen que yo también podré volar si me quedo lo suficiente?

Se acercó a la orilla y observó el fondo lleno de plantas acuáticas y de peces de colores.

Acércate a mía mí acércate

Una imagen empezó a formarse ante sus ojos. Una mujer muy bella que la miraba con ojos dulces y familiares. Estiró su mano para tocarla.

Veen, veen – Hipnotizada por su beldad se inclinó sobre las aguas. Los dedos  de la ondina sobresalieron de la superficie del lago,  a punto de alcanzarla – ¡VEN!

Un chillido estridente le hirió los oídos y la distrajo por un momento

Nunca más, Nunca más, no es bien recibido, no. Aquí no tiene dominio, su dominio no tiene aquíNUNCA MÁS, NUNCA MÁS, NUNCA MÁS.

Un cuervo se abalanzó sobre ella dándole picotazos, agarrando con su pico sus ropas y tironeando de ellas, emitiendo espeluznantes graznidos. Las hadas revoloteaban a su alrededor para entorpecer al ave que parecía poseído por la furia. Blanca manoteaba para quitarse de encima al animal.

Bicho malo, ¡quítenmelo de encima! ¡Quítenmelo de encima!

La ondina, que había sacado medio cuerpo del agua, antes el parangón de la hermosura era ahora una pesadilla. Abrió la boca y aulló. Su boca llena de dientes puntiagudos estaba transformada en una mueca maligna e intentaba atrapar al cuervo para comérselo.

Esa visión terminó por llevar a la histeria a Blanca, que ya no sabía qué le daba más miedo si el cuervo o esa cosa inmunda. Así que corrió, corrió hasta que sus piernas le fallaron por el cansancio. Y huyó del bosque, hacia la montaña.

Vuelve, Blanca… Vuelve con nosotros

Por Arminda C. Ferrera

El comienzo: El cíclo inconcluso


Continuación: En el camino

Manual de acción para pensamientos recurrentes

– Si los pensamientos son al mismo tiempo potencia y acción, me esfuerzo en  pensar que no tengo problemas – dijo triunfante el alumno – Y el universo conspira para darme lo que deseo – argumentó -.

– Pero el universo no entiende de negaciones – le dijo el maestro a su discípulo – si le quitas el no a tu razonamiento ¿qué te queda?

– Una mierda – dijo con rabia. Fue entonces, y solo entonces, cuando una paloma hizo lo que hacen todas las palomas, le cagó encima.

– Pide y se te dará

El último baile

Moonlight Serenade Glenn Miller

Bajo las luces nocturnas te tenía entre mis brazos, mientras nos balanceábamos al son de las trompetas. Tú apoyabas la mano en mi nuca y me mirabas a los ojos. Yo tomaba tu cintura y te acercaba hacia mí deseando besar tus labios rojos. El baile se hacía eterno y nada más había a nuestro alrededor, o eso a mí me parecía. Tanta vida había en ti y yo la deseaba con todas mis fuerzas, mas me retenía. Tu clavabas las pupilas en las mías y entreabrías la boca, al notar que dilataba el momento.

Hazlo – me dijiste y en tu voz podía paladear el anhelo y el miedo…

¿Si me lo pedías de esa forma cómo poder negarme? Posé mis labios con cuidado en los tuyos, tan calientes, tan jugosos, como una fruta madura. Tu corazón a mil por hora, cuyos latidos escuchaba claros como un tambor que me emplazaba a la batalla.

Hazlo – me decías apremiante entre gemidos casi sollozantes.

Me precipité a tu cuello y exploré cada centímetro de su piel tersa y perfumada, mientras echabas la cabeza hacia un lado para recibir mi beso. Y te besé, y te arrebaté el rubor de tus mejillas a cada trago y tu latido se iba apagando como una vela a la que ha llegado su fin.

Lamía la herida y antes de que se extinguiera del todo la vida en los ojos quise decirte algo, pero me mordí la lengua.

Sellé la sentencia de muerte con un beso que recibiste con tibieza y que luego se transformó en arrebato. Y te hacía como yo para siempre…

Sin embargo, la realidad es mucho más cruda y las fantasías nunca se han cumplido. Tú moriste en una noche de invierno hace ya tiempo y yo sigo solo mirando al techo, soñando que tú me querías.

Por Arminda C. Ferrera


El deseo de las hadas

Double Trouble (Harry Potter and The prisoner of Azkaban) – John Williams

Aún podía escuchar a la dama del lago susurrarle al oído mientras se entregaba al sueño y la brisa la acariciaba dulcemente como si fueran sus manos. ¡Estaba tan cansada!

Era una sensación placentera la que le invadió cuando se empezó a adormilar; como si fuera una manta cálida y esponjosa que se posara sobre ella.

Un coro de voces infantiles cantaba una canción de cuna, eran las hadas del estanque dorado que velaban su descanso. Pero era más que una canción:

¿Qué es lo que deseas dulce, dulce niñita, qué es lo que deseas

Volver a mi casa

Llevarte no podemos, podemos no llevarte, mas mostrarte el camino podemos, podemos el camino mostrartecierra los ojos niñita y siente que eres aire, eres aire niñita y los ojos cierra. En el mundo de los sueños descubrirás la respuesta. La respuesta descubrirás de los sueños en el mundo, si al miedo superas

Suavemente, escuchó la cantinela hasta que abandonó la pesadez del cuerpo cansado de tanto andar; atrás dejó la angustia de no encontrar el camino a su casa… ¡se sentía tan liviana!

Se elevó por encima del bosque como si su alma se convirtiera en pájaro, ligera como una pluma mecida por el viento. El cielo preñado de estrellas rutilantes y la luna le daban la bienvenida al anochecer. Subió por encima del río, del lago y del bosque, admirando la belleza del paisaje que ante sus ojos se mostraba. Más allá estaban las montañas donde se alzaba un castillo de cuento de hadas. ¿Sería el hogar del señor de esos dominios como le había dicho la ardilla o era su casa? No debía ir allí, le había dicho.

En estos pensamientos se debatía, cuando un movimiento le llamó la atención.

Allá debajo había un hombre, que cargaba en su hombro un gran hacha. Caminaba decidido entre los árboles buscando algo con prisa. Decidió posarse en una rama para observarlo más de cerca. Tenía el ceño fruncido, no sabía si era porque estaba enfadado o porque algún esfuerzo prolongado le hacía poner esa mueca tan ceñuda.

Castillo Neuschwanstein (Alemania)

Decidió seguirle, quizás en ese sueño se desvelara el misterio de aquél lugar. El hombre, que parecía ser un leñador, daba grandes zancadas y de vez encunado miraba a su alrededor. Los animales a su paso se escondían y se dispersaban, todos menos ella. Pues al estar soñando nada malo le iba a pasar.

De repente, se paró al ver que detrás de un seto se escondía un ciervo. Quiso darle alcance pero el animal al oírlo llegar salió corriendo. El leñador persiguió al ciervo que asustado intentaba huir de él.

¿Dónde está? ¡Sé que lo sabes! – Gritaba – ¡la habrás visto seguro! ¡Anda cerca y tú la estás ocultando!

Yo no la he visto – contestaba el ciervo al que el aliento le faltaba – pregúntale a las hadas del estanque, ellas saben

Si lo que estaba viendo Blanca era cierto ese hombre la buscaba. Pero no quería ser encontrada.

Como me hayas engañado – dijo parando en seco – vendré y con mi hacha te cortaré en pedacitos… – miró al cielo estrellado – no queda tiempo.

¡Estaba tras su pista! No, no quería que la descubriera. Debía hallar a Nunca Jamás, el cuervo, para que la guiara hasta su casa, antes de que el leñador la encontrara y la cortara con su gran hacha.

Continuación: Adios al bosque

Comienzo: El ciclo Inconcluso

Por Arminda C. Ferrera