Desencuentros (Sombras en la Niebla)

Tango de los Exiliados – Vanessa Mae

Al regresar con la comanda a la barra, aprovechó para hablar con Ana mientras disponían las consumiciones.

– El de la mesa diez me pone los pelos de punta.

– No ha parado de mirarte desde que entró, te sigue con los ojos; mal disimulado, por supuesto – susurró divertida – A lo mejor te quiere pedir el número de teléfono; al menos es guapo.

– Si cogiera el número de todos los que se portan de esa forma tendría unas citas muy interesantes – dijo en broma – una en el geriátrico, otra en el local de ambiente más cercano, ¡ah! sin olvidar la de la salida después del instituto…

La compañera rió entre dientes como respuesta.

– Al menos la mujer era hermosa y el adolescente una ricura… estás siempre buscando excusas.

Cogió la bandeja con los pedidos, mientras la amenazaba de muerte en silencio. Echó un rápido vistazo a la mesa diez. Ana tenía razón, la observaba sin ningún tipo de disimulo. Muy serio, eso era una novedad. Así que cuando le tocó el turno estaba a la defensiva.

– Elena es tu nombre… – dijo cuando le puso el café. No fue una pregunta, era una afirmación rotunda. La cogió desprevenida y su sorpresa se hizo patente en su rostro.

– Sí, ¿nos conocemos? – él negó con la cabeza.

– Lo dijo tu compañera.

– Ah…- “Café servido. Paso de los tipos raros” pensó.

Sin embargo, cuando iba a seguir de largo se le heló la sangre en las venas. Por un momento, cuando el cliente fue a tomar la cartera de la chaqueta, por la abertura de su camisa de botones se escurrió el colgante que llevaba al cuello, dejándolo a la vista: Una concha de color marfil.

-¿Qué es eso? – dijo señalando el colgante.

– Una concha – su tono casual la puso en alerta. Dejó un billete encima de la mesa y se levantó para marcharse. Ella sacó la suya de entre la ropa y la mostró – buen gusto… – sonrió pero sus ojos eran duros, opacos.

Por Arminda C. Ferrera


Cita extraída del cuarto Capítulo de la historia “Sombras en la Niebla” que trata de una mujer, Elena, que ha perdido la memoria después de un intento de suicidio. Se esforzará en recordar su pasado para intentar enfrentarse al presente, sin embargo, hay cosas que es mejor no recordar y lo descubrirá demasiado tarde. Si queréis leerla desde el principio hacer un click AQUí, o bien leer el cuarto capítulo entero, en el enlace que hay a continuación.

Capítulo 4

El despertar (Sombras en la Niebla)

Angel in the dark – Nemesea

No recordaba haberse quedado dormida. Al abrir los ojos se dio cuenta de que no conocía el lugar. La habitación era de un blanco casi cegador a causa del sol. Llevaba una pulsera de plástico y estaba conectada a una bolsa de suero. Era muy confuso. ¿Dónde estaba?
Una mujer entró por la puerta que tenía enfrente. Tenía uniforme de enfermera, mirada dulce y sonriente. Miró a su alrededor al darse cuenta de que estaba en un hospital. Las camas de los lados estaban vacías.
Buenas tardes ¡Qué bueno que haya despertado! – Dijo extrañamente eufórica – ¿Cómo se encuentra?- hablaba en español-.
Bien, gracias… – le revisó el suero y observó el monitor, que emitía un rítmico pitido, durante unos segundos.
Por fin podremos saber que le ocurrió. Avisaré al doctor – dijo al salir de la habitación -.
Examinó el estado de su cuerpo: contusiones, heridas cicatrizadas, ligero pinchazo en las costillas al respirar y una gran cicatriz que le cruzaba todo el torso. Se destapó y se dispuso a ponerse en pié, después de arrancarse la aguja del suero y la sonda. Iba a salir de allí lo más rápido posible. ¿Dónde estaba su ropa?

Cuando se apoyó sobre sus piernas sobre el suelo, éstas temblaron. ¿Cuánto tiempo hacía que estaba en cama? A duras penas, apoyada en la barra del suero, fue hasta los armarios que había a la derecha. Había tres, abrió el del centro: una camiseta gastada con algunos remiendos, unos pantalones que parecían de corte militar que también parecían haber sido remendados; una prenda de cuero extraña y unas botas altas bastante usadas, y colgado había un abrigo largo. Todo de color negro. Eran todas sus pertenencias.
Se vistió con toda la prisa que pudo.

Oyó pasos que se acercaban ¿Por qué tenía la necesidad de esconderse?
Ya vienen – pensó- ¿pero quienes?

Este relato pertence a el segundo capítulo de “Sombras en la Niebla”. Si quereís leer la Historia desde el principio pueden pinchar AQUí o bien leer, “El Despertar” en el enlace de abajo.

capitulo 2

Por Arminda C. Ferrera