Los Cuatro del Apocalipto

MUERTE jugueteaba con su bebida exótica servida en un coco y con una sombrillita de papel de color escandaloso; Sorbía tímidamente por la cañita el líquido dulzón con un ligero regusto a alcohol, mientras escuchaba a sus colegas parlotear animadamente y miraba de reojo los naipes que tenía en la mano.

–  ¡Jaque mate! – gritó eufórico NIKI (de porte regio, figura imponente… un ario, casi albino, de pies a cabeza y un chulo de proporciones bíblicas) a la vez que lanzaba sus cartas al centro de la mesa con ímpetu. Vestido como un turista no era tan impresionante, ya que su rostro, a modo de mascarilla facial, estaba embadurnado de crema protectora, tenía un gorro tipo pescador, camiseta de Tommy Hilfiger, calcetines a media pantorrilla y sandalias a juego con el bañador; nada que ver con su atuendo habitual. Había que decir que la protección no le servía de mucho pues su piel presentaba un preocupante tono bermellón -.

–  ¡Estamos jugando al póquer, joder! ¿Cuántas veces hay que explicártelo? ¡Cabeza de puerco tísico! – espetó GUERRA colérico (un moreno de rasgos angulosos, de complexión hercúlea, que pareciera alérgico a la vida de todos los bultos que sobresalían de su cuerpo. Por si fuera poco, la piel aceitada y el pareo con motivos tropicales hacía que resaltara más sus atributos) – ¡Te las voy a meter por el culo… a lo mejor así lo entiendes!

– Hayaaa paaaz – medió con suavidad HAMBRUNA, negro como la noche e inmenso como un buda sonriente, que mostraba sus curvas generosas con descaro bajo una camiseta de algodón de tiros blanco, enseñando su provocador ombligo sobre un bañador con motivos vegetales, unas playeras (zapatillas deportivas) y una cadena con crucifijo de oro de media pulgada – ¿Creeees que habránnn olvidaaadooo nuestraa comaaandaaa? – preguntó al aire. Hizo señas a los empleados de “Apocalipto”, el chiringuito de la playa donde habían decidido pasar la tarde estival.

De vez en cuando se reunían para recordar viejos tiempos, comentar anécdotas, jugar un poco y prometerse que un día de esos tenían que irse de farra como antaño, por todo lo alto. Últimamente no tenían mucho tiempo libre: que si propiciar una guerra por aquí para aplastar a alguna nación, grupo o etnia; que si una crisis alimenticia por allá, una “pandemia” con la que sembrar la paranoia y la desconfianza (MUERTE tenía mucho sentido del humor) o estimular la xenofobia, el racismo… la supremacía racial. En fin, un trabajo agotador aunque alguien debía hacerlo.

La camarera se acercó con andares sugerentes y su minúsculo bikini a la mesa y sirvió la comida. Con lo que había pedido HAMBRUNA se podía alimentar a diez personas lo menos. Se relamió de gusto observando ese derroche absurdo.

– Dos Hot dog, cinco hamburguesas, tres bocadillos de pollo empanado especial, dos raciones de papas (patatas) con tres salsas, uno de aritos de cebolla y una de nachos con queso, ¿está todo?

– Exceleeenteee, tengooo un hambreee de cabaaallooo – contestó medio riendo con su broma particular. La miró de arriba abajo recreándose en sus curvas exuberantes, pero ella solo tenía ojos para sus dos compadres, más acordes con el canon de belleza establecido en este siglo. Pues MUERTE con su bronceado hepático, su sombrero de paja y la camisa hawaiana que le bailaba encima del cuerpo, parecía más un guiñapo que una persona.

NIKI mostró su dentadura inmaculada emulando un gesto de alegría típico de los mortales y GUERRA pícaro le guiñó un ojo, provocando el sonrojo de la muchacha. Turbada huyó hacia la barra.

Solos nuevamente pudieron manifestar su alivio al conseguir pasar desapercibidos, no tenían el ánimo para histerias colectivas.

– ¡Oye tú, seboso gordo cabrón ocupas toda la mesa! ¿Cómo carajo crees que vamos a jugar?

– Gueeerr… fluuuyee en armoníiiaaa con la energíiiaaa cóoosmicaaa del universoo – le susurro con un toque de soul -.

– Lo que va a fluir son tus tripas – gruñó

MUERTE barajó de nuevo el mazo de naipes, con sus dedos largos y huesudos con maestría. Al ver las expresiones de sorpresa de los demás aclaró que se aburría mucho en las salas de espera. Repartió la mano con igual soltura mientras sorbía un poco más de su exótica bebida.

A medida que la partida transcurría NIKI y GUERRA, que eran muy competitivos, se miraban cada vez más con sospecha, pues cualquier gesto podía ser una señal que les diera la victoria. HAMBRUNA dejaba a un lado sus cartas pegajosas por la grasa y se limpiaba las manchas de salsa que habían dejado su impronta en la blanca camiseta.

MUERTE se concentraba en permanecer relajado, natural, despreocupado: dobles parejas era una porquería, pero iba de farol. Más le valía no ser el perdedor de la tarde, pues lo que se jugaba era su dignidad:

Hacía diez años, NIKI el vencedor de la última timba (como no) obligó a GUERRA a llevar una tanga de leopardo con tirantes rojos, subido en unos zapatos de tacón de vértigo de color rubí, mientras cantaba a voz en cuello “soy la reina de los mares”, durante una convención mundial de Skin head nazis. Bajo juramento expreso que no utilizaría sus habilidades en ningún momento porque si no, no tenía gracia. Por supuesto NIKI, (o Víctor en ese momento) estuvo allí para animar a sus chicos.

– ¡ENVIDO! – gritó victorioso el chulo de proporciones bíblicas -.

– ¡Me cago en tu puta alma! – chilló el alérgico a la vida mientras se lanzaba sobre él para cumplir su amenaza -.

MUERTE cogió su leche de coco y bebió lentamente, a la espera que terminaran de dirimir sus diferencias. Centró su atención en otras cosas, por ejemplo, que la mayonesa que servía Apocalipto tenía salmonelosis, en los jóvenes borrachos que corrían a bañarse en el mar mientras ondeaba la bandera roja, en el niño que se estaba atragantando con un caramelo, en los poli toxicómanos esqueléticos que felices iban a consumir su última dosis…

-No, no, no… estoy de vacaciones.

Por Arminda C. Ferrera


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“- ¿Existe el infierno, Padre? – Preguntó aquella campesina de ojos llorosos, antes de ser degollada por el verdugo, otra vez- ¡Ayúdeme, por favor, padre! No quiero morir.

Y como en aquella ocasión, él le dio la espalda; no paró la mano de la muerte, por miedo a que la siniestra sombra decidiera llevarlo a él en su lugar.

De nuevo, estaba rodeado de cadáveres, con el olor a sangre empapando su recuerdo y las voces lacerantes atravesando su cabeza. Cruzó el terreno sorteando los cuerpos sucios, blanquecinos, inmóviles, que yacían en el barro. Pronto el hedor sería insoportable. Un festín de cuervos.

Miró al cielo en busca del sol, para que la gracia de su diosa descendiera de las alturas e iluminara la senda que debía seguir. Pero estaba encapotado. No podía saber si rompía el alba o anochecía.

Estaba atrapado en ese valle de lágrimas, sombras y muerte. ¿Cuántas veces debía recorrer aquel camino?  Cayó de rodillas al suelo para implorar el perdón por su cobardía, cerró los ojos con fuerza.

Por unos instantes nada vio, ni sintió, ni escuchó… y podría ser que la paz ansiada hubiera llegado, por unos momentos eso fue lo que pensó. Sin embargo, de repente estaba en otro lugar, donde una inmensa hueste, de la que no hallaba final, se extendía ante sus ojos. Ejércitos de diferentes épocas y lugares, de pueblos y razas dispares, aguardaban en la frontera. Sus pendones ajados ondeaban, sus armaduras oxidadas y sus armas estaban dispuestas para la batalla. Aguardaban la señal, la estrella en el cielo”

Este fragmento pertenece al Capítulo XII de “La Piedra de las Almas” . Si quieren leerlo entero desde el principio pinchar AQUí. Si bien quieren leer el capítulo XII pueden dirigirse al enlace que está a continuación.

La Piedra de las Almas Capítulo 12

por Arminda C. Ferrera

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Y es que encontraba un placer indescriptible en la agonía de mis pensamientos, en saber que posiblemente en esa vida no podría alcanzar tal anhelo. Así pues sería terreno de lo onírico, en cuyo reino ella se rendiría al seguro paso de mis caricias y mis palabras henchidas de ferviente apasionamiento; un mundo en el que ella me profesaba amor eterno.

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irada en el suelo respiraba con dificultad a causa del esfuerzo que había realizado. Poco a poco el hechizo en el que estuvo sumida en el Estanque de las Hadas se fue desvaneciendo. Había sido como un sueño raro en el que no era consciente del todo de lo que ocurría.

NUNCA el cuervo se posó delante de ella. Podría decirse que su actitud era ufana. Ahora se acordaba de él, era su guía, el que la llevaría a casa, seguro.

Menudo susto me diste allá atrás, pájaro malo, malo! – le reprendió con el dedo en ristre y amenazante – ¿No era más fácil que me dijeras que me marchara? Claro que tú prefieres no hablar… ¿por qué Nunca, por qué no hablas? Será porque no tienes nada que decir o porque tienes muchas cosas que callar, ¿eh?

La única respuesta, como siempre había sido desde que se perdió en esta tierra extraña, un gesto indiferente con su cabecita ladeada y sus ojos ambarinos fijos en ella.

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Siempre pensé que las hadas eran seres bondadosos… ¡qué desilusión! – le dijo a su acompañante mientras caminaba; Nunca volaba de rama en rama. Esta vez no se separaba mucho de Blanca, quizás por miedo a que se perdiera o porque quería vigilarla de cerca – ellas tampoco son de tu agrado por lo que veo, pues saliste huyendo como un cobardica al oírlas, dejándome con esas chifladas… ¿Qué clase de compañero eres que me abandonas a la primera de cambio?

Seguía al pájaro cómodamente, se había acabado correr en pos de él, ahora se habían vuelto las tornas. Sonreía triunfante porque por una vez sentía que era la que mandaba en ese inusual dueto. Y no iba a perder la oportunidad de divertirse un poco a su costa.

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