18 comentarios en “Una terapia peligrosa

  1. parece que la veo, pobreta, tumbadita en el diván, con la guadaña en el paragüero; y al psicoanalista pendiente del reloj, no fuera a pasársele la hora…

    eariandes, gracias a vos!

  2. Y tú que lo sabes, jejeje. Ya se sabe que es mejor describir que poner onomatopeyas, no se puede ser perfecta, ni siquiera literariamente hablando. Peero, ahí va esto:

    El psicoanalista palideció, la duda le corroía las entrañas, si miraba el reloj puede que ella se molestara, y lo que era peor, ¿Qué pasaría cuando le informara de que su hora había acabado?. Decidió que, si le era posible, para las próximas citas solicitaría a los pacientes que rellenaran una ficha informativa, así, si llegaba Dios, o un demonio o vetetúasaberqué, podría decidir si atenderlo o no…

    P.D. No me digas de onomatopeyas, jeje, que a tí alguien te llama “ronquiditos” al otro “eruptitos” y yo soy la única no-onomatopéyica… pero la más triste, hay que reconocerlo xD

  3. Yo también soy onomatopéyica, no lo he negado jajajaja.
    Al psicoanalista le entran los sudores fríos cada vez que le visita MUERTE porque teme que un día cuando le diga eso de “se te ha acabado el tiempo” le responda “no, es a ti a quien se le ha acabado. Ha llegado la hora”

  4. Pingback: Los Cuatro del Apocalipto | Eariandes

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